• ¿Aceptaría que le ofrecezcan unas ‘trabacaciones’?

     

    Los nuevos modelos de relación laboral van más allá del teletrabajo o ser ‘freelance’. Son tendencias de empleo independiente que rompen con la necesidad de ir a la oficina o con conceptos como las vacaciones.

    ¿Aceptarías unas trabacaciones? (Si, así está bien escrito, con “b” de “trabajo”). La contracción, que quizá en unos meses esté de moda, viene del inglés workcation (work+vacation), y una de las mejores definiciones de lo que significa la ha dado últimamente Vanity Fair, una publicación que no se dedica precisamente a las relaciones laborales: “Es un nuevo concepto de trabajo. Cuando no quieres utilizar tus días libres, puedes trabajar desde la piscina“.

    La mayor parte de los profesionales tiene muy complicado desconectar completamente de su lugar de trabajo. Así, no sólo las empresas, sino también un creciente número de trabajadores está empezando a pedir a sus jefes la posibilidad de combinar empleo y vacaciones. The Wall Street Journal se hacía eco recientemente de esta tendencia y explicaba que “se trata de tener un tiempo fuera de la oficina que incluye la obligación de trabajar desde un lugar más agradable, o incluso exótico. Los empleados a menudo pagan por el alojamiento y los viajes, pero pueden hacer llamadas (conferencias) o trabajar en diferentes proyectos desde un resort o un apartamento de alquiler, invirtiendo tiempo libre fuera de la oficina en estar con la familia o hacer turismo, sin que ese tiempo les cuente como vacaciones. Estas son las trabacaciones que se ofrece a los workcationers. Algo muy distinto a tener una escapada relajante y que ésta quede arruinada por las constantes llamadas intempestivas del jefe o de los compañeros de trabajo”.

     

    Una nueva relación
    Iniciativas como esta de las trabacaciones tienen que ver con el hecho de que un jefe o una compañía puedan exigirte una presencia o una disponibilidad permanente. La cuestión es que tú decidas hacerlo como una elección de trabajo, pero nunca como una obligación. Puedes estar dispuesto a contestar a cualquier hora los mensajes de texto y las llamadas procedentes de tu trabajo, pero al final, tú eres responsable de esa disponibilidad de 24 horas, frente a la que cabe decir “no” y que seas capaz de marcar ciertos límites.

    Estas iniciativas originales tienen su anclaje en los nuevos conceptos de trabajo y la forma novedosa de entender la relación entre empleadores y empleados, y de éstos con las propias organizaciones.

    Cada vez más compañías se plantean conceder a sus empleados la posibilidad de escoger cuándo y dónde van a desarrollar sus actividades o incluso la necesidad de acudir a la oficina. Nuevos modelos de trabajo mucho más flexibles y que favorecen el empleo independiente o por proyectos y toda una serie de fórmulas que prescinden de la empresa tradicional y del “estar” en la oficina dan lugar a iniciativas como las de Richard Branson, emprendedor en serie y fundador de Virgin, quien hace tiempo envió una carta a los empleados de su sede central de Londres invitándoles a tomar todas las vacaciones que quisieran, sin límite y sin tener que pedir permiso. Se trata de un reconocimiento de que es posible trabajar en cualquier sitio y también de que, como jefe, Branson confía en la profesionalidad de sus equipos, favoreciendo así el trabajo flexible.

    Iniciativas como las trabacaciones tienen sentido asimismo en un escenario laboral en el que un 90% de los profesionales que jamás pisará la sede de la compañía en la que trabajan. Hay nuevas fórmulas de retribución, modelos inéditos de valoración y compensación de la efectividad y el rendimiento de plantillas dispersas.

    Frente a un concepto erróneo de eficacia, algunas tendencias apuntan a que la profesionalidad ya no puede ser medida exclusivamente por el tiempo que permanecemos en nuestro lugar de trabajo. Los horarios fijos y el presentismo tienden a desaparecer, y a cambio, la evaluación de los profesionales y la retribución asociada se relacionan más bien con la consecución de resultados.

    Estos nuevos conceptos y modelos de trabajo implican a su vez un rediseño del concepto de empleado. Se puede hablar de trabajadores con mayor autonomía. El hecho de dónde estén físicamente será una simple anécdota, y trabajar no será una tarea uniforme y continuada. Además, habrá que tener en cuenta la actividad por proyectos y en tareas muy concretas.

    Cuando trabajar ya no sea ir al trabajo
    Veremos nuevos tipos de relaciones laborales, más orientadas a la prestación de servicios que al contrato tradicional por horas. No se tendrá una ubicación física ni cargo dentro de la empresa. Se irá, se hará el trabajo o la prestación de servicios contratados, y se seguirá en función de las necesidades mutuas y la satisfacción generada. De igual modo, el trabajador podrá trabajar con más de un cliente, esto es, con más de una empresa o proyecto a la vez. Cada uno tendrá lo que sea capaz de valer, trabajará desde donde proceda según cada caso, y logrará la posición que se gane, además de no depender de un solo jefe, de una sola empresa o de un solo proyecto. También se difuminan las fronteras entre los que son empleados y los que no lo son -‘freelance’, consultores- y desde fuera de la compañía resulta complicado distinguir quién lo es y quién no, en un entorno de horarios más flexibles, retribución por tareas y proyectos, y profesionales especializados que tienen su propia marca personal. Por supuesto, esta difuminación de fronteras puede tener consecuencias jurídicas que tienen que ver con el reto de contar con nuevos modelos e indicadores para medir el rendimiento y la productividad de los empleados.

     

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